• 28Mar
    Categories: Viajes Comments: 14

    Las inmensas y doradas dunas del Sahara. Como un océano de olas, embravecido y congelado.

    Cuadernos del Sahara V

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    Canon EOS 5D Mark II
    Abertura f9.0
    Velocidad 1/20
    Objetivo Canon EF 16-35mm f/2.8 L USM
    Longitud focal 40mm
    Modo Manual Medición Evaluativo
    ISO 100
    Calidad RAW
    Trípode

    Las doradas, atractivas pero peligrosas, (si no se va acompañado del guia adecuado), dunas del Sahara: ése era uno de los objetivos de nuestro periplo por el sur de Marruecos. Contemplarlas al amanecer y al atardecer, con sus formas sinuosas, suaves impresionan al viajero que se adentra por estas desérticas tierras. No siempre es fácil acceder y menos aún de fotografiar: el viento  y las tormentas de arena frecuentemente la hacen inaccesible, y la fina arena es un enemigo mortal para nuestras cámaras. Josep, Chavi y yo estuvimos a punto de perdernos su visión, pues las nubes, la lluvia y el viento nos acompañaron hasta las puertas del desierto. Sin embargo ante nuestra desesperanza Mahjoub nos convenció de que al atardecer era muy probable que el viento amainara. Y así fue. Con su Toyota Land Cruiser, en vez de camellos,  nos condujo por en medio de la nada, como si se guiara por el instinto, pues no había camino, solo arena, hasta la base de las impresionantes montañas de fina arena, en constante movimiento y cambio de formas. Allí con nuestras mochilas a la espalda y con la cámara y el trípode trepamos como pudimos hasta la cima, de la que consideramos la mas alta, para poder contemplar el inmenso e impresionante panorama. A pesar de que el viento había amainado bastante, todavía su presencia levantaba rachas de arena. El problema era, además del riesgo para las cámaras, el que no podíamos limpiar las lentes in situ salvó al riesgo de rallarlas. Aunque el precavido de Chavi me dejó un pincel era muy difícil luchar contra los granitos de fina arena. Para colmo había adaptado a mi objetivo el Kit para los filtros LEE que pretendía extrenar para aquella ocasión. He tenido que descartar muchas de las fotos tomadas.

    Desde que tenía 18 años me he sentido atraído por los viajes y travesías a lugares de difícil acceso, algunos lejanos y otros menos. He visitado numerosos Parques Nacionales, que sin ir más lejos, tenemos en nuestro país. He atravesado el océano Atlántico en un velero de 12 m, la inmensidad del océano con sus montañas de olas cambiantes es lo más parecido al desierto. He contemplado algunos hermosos paisajes del mundo, como las cataratas Victoria entre Zimbabue y Zambia, los bosques de lianas de Centroamérica, los frondosos paisajes de Mogotes en Cuba o las noches blancas en los fiordos islandeses. Sin embargo de todos estos lugares el desierto del Sahara despiertan mi una especial atracción. Es una tierra reseca, implacable y que nada sabe de facilidades. A pesar de ello, el ser humano la ha habitado desde hace milenios. Los senderos son apenas visibles pues el viento barre casi de inmediato las pisadas. A pesar de ello Mahjoub y sus ascendientes viven allí porque fue donde nacieron. Aceptan estrecheces y privaciones y muchos de ellos no conocen otra cosa. Lawrence escribió: “los usos de los beduinos eran duros hasta para los que habían crecido con ellos, y para los extraños terribles: una muerte en vida”. Sin embargo quien ha estado allí suele mantener en su fuero interno, el deseo más o menos fuerte, de volver. Estos lugares desérticos, al igual que los inmensos océanos tienen una magia especial difícil de igualar.

    Dunas B&W

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    El desierto del Sahara forma parte de la vasta zona árida que corre diagonalmente a través de todo el globo terráqueo, desde el Atlántico hasta Manchúria. Es el mayor de los desiertos del mundo. De ahí su nombre de Gran Desierto con que también se le suele designar. Del Atlántico al mar Rojo, comprendiendo parte de Egipto y aún de la inmediata Arabia, que es como su prolongación, el Gran Desierto vendría a medir más de 11 millones de kilómetros cuadrados, siendo mayor que toda Europa; pero reducido a sus verdaderos límites, esto es excluyendo la península arábiga, aún ocupa 9.065.000 de kilómetros cuadrados, extendiéndose unos 5000 km de Este a Oeste y 1500 De Norte a Sur. Sus límites son: Al Norte, limita con el Sur del Magreb, con las montañas del Atlas; al Este con el mar rojo; al Sur con Sudán, el recodo del Niger y Senegal, y al Oeste con el Océano Atlántico. Es un enorme foco de producción de calor y de absorción de vapor de agua, el cual, disuelto en la caldeada atmósfera, rara vez llega a condensarse. No siempre fue así, pues en épocas geológicas anteriores la zona húmeda se extendía bastante más al sur que actualmente. De hecho, nosotros atravesamos el llamado lago Iriki, hoy una vasta planicie árida donde el vehículo puede alcanzar 140 km/h como si de una anchísima autopista se tratase. Se extiende por los siguientes países, antaño sin fronteras y que hoy son Argelia, Túnez, Marruecos, Sahara occidental, Mauritania, Mali, Níger, Libia, Chad, Egipto y Sudán. En las faldas del Atlas Marroquí (Alto Atlas), sólo hay vegetación unos metros más allá del curso de los pobres ríos. Sin embargo, ésta tiene un verdor intenso que contrasta con la arena circundante. Se considera que el desierto Líbico es la zona más árida del Sahara. La ausencia de humedad es casi absoluta y sólo existen unos pocos oasis. El terreno lo constituyen eriales arenosos y grandes dunas que pueden superar los 122 m de altura. Excepto en los oasis, el desierto está prácticamente desprovisto de vegetación, si exceptuamos algunos arbustos espinosos atrofiados que crecen en el Sahara Occidental. Se han creado oasis artificiales tras perforar pozos de agua a más de 1.000 m de profundidad. El árbol predominante de los oasis es la palmera datilera, junto con alguna variedad de acacia.

    En algunas áreas del desierto viven gacelas y antílopes, así como chacales, zorros, tejones y hienas. En el desierto Líbico prácticamente no existe forma alguna de vida animal o vegetal.

    Aunque hoy el Sahara nos pueda parecer una gran barrera, no ha sido así a lo largo de la historia. El comercio transahariano empezó en el año 1000 a.C., cuando se atravesaba con bueyes, carros y carretas. Cartago dio nuevos impulsos al comercio en el siglo III a.C., y Roma introdujo el camello tres siglos más tarde. A partir del siglo VIII, coincidiendo con el apogeo del poder árabe, el comercio sahariano alcanzó gran importancia y llegó a su máxima expansión entre los siglos XIII y XVI; numerosas rutas cruzaban el desierto y unían los reinos africanos medievales y los imperios de Ghana, Songay, Kanem-Bornu y Hausa con los puertos del norte de África. Los principales productos comerciales eran el oro y los esclavos hacia el norte, y la sal (de las minas del Sahara), las conchas de cauri (la principal unidad monetaria) y las armas hacia el sur. Éstos constituían mercancías imprescindibles para los Estados, pero las caravanas también transportaban artículos de lujo: vestidos caros, pimienta, marfil, nuez moscada, artículos de cuero y, en el siglo XIX, plumas de avestruz. Se dirigían hacia el norte con destino a Europa. La marroquinería es original del norte de Nigeria, pero adoptó este nombre porque era exportada a todo el mundo a través de puertos marroquíes. Manufacturas de cobre, cuentas y otros artículos de ‘moda’ se dirigían hacia el sur. La llegada de los europeos a la costa oeste de África redujo el comercio del Sahara, aunque no desapareció del todo hasta bien entrado el siglo XIX.

    Las dunas se forman por la influencia del viento, que arrastra consigo las partes más finas de las rocas destruidas por la insolación y las arremolina en ondas de una de hasta 100 m; a veces avanzan lentamente en varias direcciones y dejan sepultados oasis y edificios enteros.

    Allí, a unos 20 km de Mhamid, prácticamente en la frontera entre Maruecos y Argelia pasamos  entre dunas un atardecer ventoso que nos dejó serias dudas sobre si nuestras cámaras fotográficas seguirían funcionando. Tanto las Canon de Josep y mía como la Nikon de Chavi pasaron la prueba y demostraron que podían resistir a la finísima arena del desierto.

    Foto Satelite

    Foto Satelite

  • 25Mar
    Categories: General Comments: 7
    Beduino

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    Las nubes amenazadoras nos habían acompañado desde el amanecer, lo que nos había privado de la ansiada contemplación de la salida del sol en aquellas desérticas tierras. A cambio tuvimos la oportunidad de captar con nuestras cámaras un desierto poco frecuente: con lluvia lo que fue una gran celebración para nuestros guias y sus amigos. Continuamos nuestro viaje hacia Ouarzazate. Allí nos aprovisionamos de alimento, (fundamentalmente agua embotellada, absolutamente necesaria de llevar aquí). Mahjoub nos presentó a algunos amigos beduinos con los que compartimos un rato de charla en una especie de “arabfrenchspanglish”.

    Las tribus beduinas árabes (hilalíes), contribuyeron con su fuerza a la conquista del poder por parte de las distintas dinastías de sultans arabes. Las razones que llevaron a éstas a la conquistar el poder fueron fundamentalmente de naturaleza religiosa - ya no eran bereberes, sino árabes, incluso descendientes del profeta, y actuaban “en nombre de la pureza y de la unidad del Islam”.

    El nombre beduino proviene del idioma árabe badawi, que significa morador del desierto, bedu en lengua vulgar: allí donde no existe población fija, es decir, el desierto. Se da el nombre de beduinos a los árabes nómadas que viven en los desiertos principalmente de Arabia Saudita, Siria, Jordania, Iraq e Israel. Son originarios de la península Arábiga. En el siglo VII, con las conquistas árabes, se expandieron por el norte de África. Los beduinos actuales están organizados en tribus que hablan el badawi, y se consideran descendientes del pueblo árabe. Las características de estas tribus de beduinos eran, además de la unión de la sangre, el sentido de la hospitalidad, el tener siempre presente el honor y el valor guerreros, y el aprecio a la poesía y a la elocuencia, facultades éstas que sirvieron como instrumentos en la “memoria colectiva” del pueblo árabe. Existen dos clases bien diferenciadas entre los beduinos: Los que se consideran a sí mismos “verdaderos beduinos” son pastores nómadas y eran famosos por sus caravanas cruzando los desiertos. Se dedican al comercio. Los fellahin son agricultores y se han hecho sedentarios; viven al borde del desierto. Ha aparecido una tercera clase de beduinos, semi-nómadas.

    Su hogar son las tiendas bajas, de forma rectangular. Una parte de la tienda es para los hombres y los invitados, la otra es para las mujeres y niños.

    Su vestimenta es mui caracteristica, con una tunica de lino, o algodon y turbantes que le protegen la cabeza y el rostro del viento y la arena.

    Mahjoub, sus amigos y hermano siempre portan este turbante característico. A diferencia de ellos los bereberes, habitantes aborigenes del Magreb utilizan túnica con capucha.

  • 20Mar
    Categories: Viajes Comments: 6
    Cuaderno de viaje al desierto del Sahara. III

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    Cámara Canon EOS-5D Mark II
    Abertura f3.5
    Velocidad 1/25sg
    Objetivo Canon EF 16-35/2,8 L IS USM.
    Longitud focal 35mm
    Modo Manual
    Medición Evaluativo
    ISO 100
    Calidad RAW
    Panorámicade 3 toma. Aplicación PTGui pro

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    Hay momentos a lo largo de nuestra existencia que se nos quedan grabados y se quedan ahí casi de forma permanente como si el tiempo no pasara. Aquella vez que abrazaste por primera vez a tu primera novia, cuando vistes recién nacido a tu primer hijo,…

    Este es para mí uno de esos momentos. Habíamos subido aquella nuestra primera mañana a lo alto del cerro por donde se desparrama la antiquísima y misteriosa ciudad de  Ait Ben Haddou. El hecho de que fueran las primeras horas de aquel amanecer nublado, todo en silencio y solitario, imprimía cierta sensación de encantamiento, que Mahjoub con su vestimenta medieval de arabe beduino resaltaba aún más. Mahjoub era el mago que nos transportaba a otro mundo, casi a otra época, como si casi durante siglos hubiera preservado un pasado, guardado y atesorado para que nosotros pudiéramos verlo y tocarlo. Desde la plataforma elevada del Torreón que preside la fortaleza contemplábamos la Kasbah, el río a sus pies como un anillo rodeándola y un frondoso verdor que contrastaba con los distintos tonos de marrónes que componen la mayoría de la visión que teníamos delante nuestra. Y al mismo tiempo nos sorprendía el Atlas nevado a nuestra espalda. En aquellos silencios, que aparecían con excesiva frecuencia, la figura de Mahjoub se hacía omnipresente con el altivo orgullo de un árabe beduino.

    Como más tarde me narró, él pertenecía a un pueblo nómada proveniente de la península arábiga, que por regla general algunos de ellos consideran conquistadores y civilizadores de los primitivos habitantes del Magreb: los bereberes, o aborígenes de estas tierras que pisamos.

    Sin embargo los bereberes constituyen el poblamiento más antiguo del Magreb.  A lo largo de los siglos, las poblaciones indígenas sufrieron sucesivas colonizaciones: los púnicos (del siglo XI a. C. hasta el 146 a.C., año en que Cartago fue destruida); luego romanos (desde el 146 a.C. hasta la llegada de los musulmanes en el 647), con posible presencia de vándalos (s.V) y bizantinos (s.VI).

    Los bereberes recibieron múltiples influencias culturales y civilizadoras al entrar en contacto con ellos, fundamentalmente de los árabes nómadas, los antepasados de Mahjoub.

    En el largo y terrible duelo entre Cartago y Roma (las guerras púnicas) los reyes bereberes oscilaron de una a otra potencia, luchando por no ser absorbidos.

    La romanización fue intensa en ciertas zonas como las costas mediterránea (Rusaddir, Tamuda, Ceuta) y atlántica, entre Tánger y Sala (Rabat-Salé), ciertos valles productivos agrícolamente: Lukos (Lixus),Martil (Tamuda) y Sebú (Banasa), y, sobre todo, la región del Zerhun (Volúbilis). Las montañas y las mesetas se resistirán a la penetración de los modos de hacer romanos y servirán de refugio a las tribus hostiles bereberes (Rif, Atlas, Yebala). Existían dos grandes grupos sociales: el urbano, formado por ciudadanos romanos y esclavos, y el rural, compuesto por esclavos y por bereberes.

    Podríamos decir que en este período existen en Marruecos tres zonas diferenciadas:
        el desierto, donde se han refugiado las tribus bereberes nómadas frente a los conquistadores.
        el Marruecos medio, donde aparecen principados bereberes, moros, que aunque fragmentados y divididos, van recuperando pacientemente el territorio; reconocen la soberanía teórica del Imperio Romano y sus sucesores, pero están en permanente insurrección. El más importante está en torno a Volúbilis.
        El Marruecos conquistado, romanizado, al Norte.

    LA CONQUISTA de los arabes musulmanes en el 647, se conoce aún muy mal cómo se realizó. Fué todo un cambio cultural y religioso, que afectó a todos los aspectos de la vida del territorio, y que se ha dado en llamar “islamización”. Este término conlleva tanto el hecho de la conquista militar como el del proceso religioso y cultural, que llevó a la conversión de los habitantes del Magreb al islamismo. Tanto uno como otro de estos dos aspectos, no fue nada fácil ni tan rápido como en otros lugares.

    La primera característica de la conquista militar será su lentitud y dificultad para llevarlo a cabo frente a la resistencia bereber.

    Desde la llegada de los primeros grupos armados árabes hasta la integración del Magreb en el Imperio Árabe pasarán cerca de cincuenta años. Pero incluso después las dificultades continúan: revueltas y enfrentamientos, ya dentro de una misma religión, la musulmana, pero con problemas y conflictos de raíz social y económica entre los conquistadores y la población autóctona bereber. La conquista, por tanto, no resultó fácil; los árabes encuentran un territorio dividido: tribus, federaciones de tribus, pequeños reinos.

    La unidad territorial de la época romana ha desaparecido; la  unidad religiosa también: en los campos, la población es pagana, subsistiendo el cristianismo en las ciudades. Esta falta de unidad impide una incorporación rápida al mundo islámico: será necesario reducir tribu por tribu, además de acabar con la resistencia de los residuos del Imperio Bizantino.

    Tras aislar a los bereberes de los bizantinos y llevar a cabo una inteligente política de atracción de algunas tribus, consiguen incorporar al mundo árabe en primer lugar a los habitantes de las ciudades, que ven en los ejércitos de árabes una garantía de estabilidad para sus ocupaciones, el comercio y la artesanía. Además, los árabes no exigirán impuestos más gravosos que los romanos o los bizantinos; esto será decisivo.

    El procedimiento de los árabes, bajo la dirección de un tal Musa, para definitivamente controlar y convertir a los bereberes es duro y expeditivo: saqueos, castigos ejemplares a las tribus más rebeldes, exigencia de rehenes, hijos de los familiares más notables. Estos jóvenes serán educados en el Islam, y una vez devueltos a su tribu, servirán de vehículo de transmisión del nuevo credo religioso. En segundo lugar, las tribus bereberes serán enroladas en el ejército, canalizando de este modo su belicosidad. La rápida conquista de España – principios del siglo VIII – facilitará esta integración, a la vez militar, religiosa y política.

    Y…., tras rememorar todo ello, cuya lectura había llevado a cabo la noche anterior, fijé mi vista de nuevo en un descendiente de los conquistadores árabes, que se encontraba sentado junto al torreón la  de la Kasbah de Ait Ben Haddou, nuestro amable guía beduino y “mago” que nos trasladaba, como por un embrujo, a otra época.

    Kasbah de Ait Ben Haddou

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  • 11Mar
    Categories: Paisajes, Viajes Comments: 7
    Kasbah de Ait Ben Haddou con el Atlas nevado al fondo
    Cuaderno de viaje al desierto del Sahara. II

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    No podría explicar muy bien porqué me atrae tanto Marruecos, especialmente el sur profundo entre Marrakech, el Alto Atlas, con muchas de sus cumbres nevadas y el desierto del Sahara. La población es mas amable y sencilla y se produce menos “acoso” al viajero que en otros lugares, principalmente en las grandes ciudades.

    Ese, nuestro 2º día, estábamos dispuesto a las 6,30 a.m. para comenzar nuestro periplo por la ruta de hacia el desierto y poder fotografiar el amanecer en la famosa Kasbah  de Ait Benhaddou. Esta ciudadela medieval nos encandiló y sorprendió como un autentico lugar perdido en el tiempo. Nos habíamos trasladado de golpe a otra época, siempre con la presencia no menos autentica de nuestros guías beduinos Mahjoub y Mouloud ataviados con sus túnicas tradicinales y Mahjoub con su turbante negro para protegerse del viento y de la arena del desierto.

    Coronando un risco de unos cien metros de altura, la antiquísima fortaleza de Ait-Benhaddou aparece en el paisaje desértico como un espejismo. La huella para llegar hasta él asciende desde un río, la mayor parte del año seco, pero que a veces, y esta era una de ellas, con las crecidas por las lluvias había renacido, cobrado vida e insuflándola a los cultivos y la flora que se desarrolla a su alrededor.

    La Kasbah de Ait Benhaddou, es una especie de castillo de arena ribeteado por palmerales. Ha sido reconocida por su extraordinaria belleza con el merecido titulo de “Patrimonio de la Humanidad”.

    El complejo de barro y piedras está rodeado por una muralla con monumentales puertas, y dentro de ella hay varias estancias y edificios muy antiguos y bellamente decorados y algunos restaurados por las los directores de cine que tomaron este sitio como escenario para sus obras, la última que tuvo repercusión fue “Gladiator” con su pequeño circo romano alrededor. Pero tambien se han rodado “Indiana Jhons”, y películas como Lawrence de Arabia, Diamant Nilo, etc.

    Ait Benhaddou se hizo fuerte y poderosa en el período de las caravanas comerciales que llegaban desde el sur de África y necesariamente debían cruzar el Monte Atlas. Pero hoy es una ciudadela callada. No tiene nada que ver con otras ciudades de Marruecos. Su silencio al recorrer sus callejuelas y observar sus marrones edificios y ventanas me evoca el griterío de sus habitantes y las caravanas del pasado.

    Lo que mas me atrae de los viajes es ver paisajes y lugares que te hipnotizan y sorprenden. Y por supuesto tener la oportunidad de inmortalizarlo para nuestra memoria a través de la fotografía. Permanentemente nos encontramos con lugares que no sospechamos y que echaremos de menos mas adelante. Y por supuesto, personajes, que te encuentras por el camino y que no tendrás ocasión de verlos nunca mas, a los que recordaremos siempre y aún mas si tenemos la suerte de captarlos con nuestro ojo fotográfico.